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sábado, 21 de noviembre de 2009

10. 7. La Ilustración en España.

El pensamiento ilustrado llega con retraso a España. Los reinados de Felipe V y Fernando VI
conocen precursores como Mayans o Feijóo luchando contra las leyendas en la Historia o las
supersticiones y los falsos milagros; también se crean las principales Reales Academias. Triunfa el
movimiento con Carlos III y su aportación al urbanismo madrileño, sus medidas agrícolas
(colonización de Sierra Morena), la liberalización del comercio americano o las expediciones
arqueológicas en Pompeya. De especial importancia son las Sociedades de Amigos del País
extendidas por España para defender y premiar las nuevas ideas científicas, culturales, pedagógicas
y económicas. Le apoyan en la tarea periódicos no literarios destinados a nobles, y burgueses de
buena posición, los verdaderos protagonistas de un movimiento elitista.

10.6. La política borbónica en América.

Dos aspectos destacan en la acción de los Borbones en América: el administrativo y el
económico. Entre las reformas administrativas encontramos: la pérdida de atribuciones del Consejo
de Indias, la disolución de la Casa de Contratación -tras un traslado previo de la misma de Sevilla a
Cádiz (1717)-, la división del virreinato del Perín, creándose los virreinatos de Nueva Granada y Río
de la Plata al Norte y Sur del Perú. Se forma, además, un ejército estable en puntos estratégicos y
aparecen las intendencias para asuntos fiscales, judiciales o de reclutamiento de tropas.
Se fomenta el comercio América-metrópoli: creación inicial de compañías monopolísticas al
estilo inglés, Compañía Guipuzcoana de Caracas; sistema de “registros” por el que los particulares
pueden comerciar con buques permitidos; autorización del libre comercio con la desaparición del
monopolio gaditano. Se envían gran cantidad de mercancías extranjeras lo que no impide un
importante contrabando.

10.5. Evolución de la política exterior en Europa.

Tras la Paz de Utrecht Felipe V, influido por su esposa italiana Isabel de Farnesio, intenta
recuperar las antiguas posesiones españolas en Italia. Algo que no lograría hasta que la firma del
Primer (1733) y el Segundo (1743) Pacto de Familia nos lleve a varias guerras en las que, entre otros,
el adversario será Austria a costa de la cual se obtendrá el Reino de Nápoles y Sicilia, primero, y el
Ducado de Parma, después, como territorios vinculados a la dinastía Borbón, si bien no integrados
en la Corona española.
El reinado de Fernando VI supone una época de paz, firmándose tratados con Portugal o
Inglaterra y volcado en la reestructuración, mejora y reforma de la flota.
Carlos III vuelve a los Pactos de Familia con Francia (Tercer Pacto de Familia, 1761) con lo que
se interviene en guerras coloniales contra Inglaterra en América. Se logrará así la Luisiana, primero,
y Florida y Menorca después cuando se apoye a los rebeldes, no sin cierta mala conciencia por el
precedente, en la Guerra de la Independencia Americana (1776-1783).

10.4. La práctica del despotismo ilustrado: Carlos III.

El reinado de Carlos III supone la adopción del modelo del Despotismo Ilustrado, lo que
supone la adopción de cambios importantes hechos desde arriba sin contar con la población. Se
apoyó en la nobleza ilustrada como Aranda, Campomanes o Esquilache contra el que se dirigió un
motín (1766) relacionando con medidas contra las clases pudientes como la prohibición de aumentar
bienes de manos muertas, el proyecto de contribución única y universal y otras más impopulares como el reglamento de capas y sombreros. Un año después del Motín. expulsaría a los jesuitas
acusándolos de haber instigado el movimiento y por su oposición al regalismo real. Destaca la
repoblación de Sierra Morena con 2.500 familias extranjeras -católicos austriacos y alemanes- a las
que se entregan tierras y aperos a cambio de una permanencia continuada, su apoyo a las
Sociedades de Amigos del País difusoras de la Ilustración o el urbanismo madrileño: calles
empedradas, farolas de aceite, paseos monumentales.

10.3. Reformas en la organización del Estado. La monarquía centralista.

Imitando el centralismo francés, los Borbones aprovechan el apoyo de Aragón, Valencia,
Cataluña y Baleares al pretendiente austriaco para unificar leyes y acabar con Cortes y organismos
forales imponiendo la legislación y las instituciones castellanas, estableciendo en estos territorios
Audiencias y capitanes generales. Posteriormente, Cataluña recuperó parte de su derecho particular
(Derecho civil). Por su apoyo a Felipe V el País Vasco y Navarra conservan sus privilegios forales.
Junto al centralismo, la eficacia: se vacía de contenido político a los Consejos sustituidos por las
Secretarías de Estado y de Despacho, personas trabajando directamente con el rey intermediando, a
menudo, con los Consejos restantes. Hay, inicialmente 7 secretarías que comparten poder con el
Consejo de Castilla, aún tribunal supremo y encargado máximo de la política interior. En esta tarea
es ayudado por las intendencias (provincias) encargadas de la justicia o del reclutamiento a escala
menor.

10.2. Cambio dinástico. Los primeros Borbones.

Felipe V obtuvo el reconocimiento inmediato de los habitantes de España al llegar en 1701.
Recibido con fervor en Madrid, jurará el acatamiento de los fueros de Aragón y de Cataluña. El
inicio de la guerra civil en 1705 y el triunfo filipino en 1715 transformará el modelo tradicional de
relaciones entre el rey y el reino. La monarquía afianza el absolutismo y reforma el sistema sucesorio
(Ley Sálica). Felipe V abdicará para optar al trono de Francia, recuperando la Corona tras la muerte
de su hijo Luis I (1724). En 1746, Fernando VI heredará el trono de su padre, abriendo un periodo
de paz y prosperidad. Durante su reinado se realizará el Catastro de Ensenada (ministro del Rey)
que iniciado en 1750 pretendía ofrecer un cuadro completo de la riqueza de Castilla.

10.1. La Guerra de Sucesión y el sistema de Utrecht.

A la muerte sin hijos de Carlos II de España se produce un doble conflicto por su sucesión: uno
internacional para evitar el aumento de la hegemonía francesa que enfrenta a ésta con Gran Bretaña,
Austria y Holanda y otro nacional en el que al pretendiente francés le apoyan Castilla, País Vasco y
Navarra mientras que los reinos de la Corona de Aragón apoyan al pretendiente austriaco.
Tras renunciar el futuro Felipe V a la corona francesa, producirse derrotas del bando austriaco en
España y la retirada de dicho pretendiente al convertirse en emperador además de derrotas del
bando francés en Europa se firma el Tratado de Utrecht (1713-15): Flandes, Nápoles y Milanesado
pasan a Austria y Gibraltar y Menorca a Gran Bretaña, que obtiene además concesiones en el
comercio con América (Navío de permiso y Asiento de negros). En España los Decretos de Nueva
Planta uniformizan legalmente casi todo el país.

9.5. Esplendor cultural. El Siglo de Oro.

El Siglo de Oro español, aproximadamente el último tercio del XVI y la primera mitad del XVII,
se caracteriza por la importancia del espíritu religioso contrarreformista. Es el momento de las
deslumbrantes ceremonias, a veces al aire libre como las procesiones, que muestran el poder y la
firmeza de la Iglesia Católica. Asociada a ella, se exalta la Monarquía Absoluta en actos masivos y
muy emocionales que impactan al espectador. En contrapartida, los arbitristas diagnostican los
males socioeconómicos: despoblación, presión fiscal, enriquecimiento de extranjeros, y proponen
medidas (arbitrios) para acabar con ellos.
Literariamente este momento culminante lo inicia el Quijote (novela del enfrentamiento entre lo
material y lo ideal) y se culmina con el teatro de Lope de Vega, Calderón de la Barca y la poesía tan
elaborada de Quevedo y Góngora.

9.4. Evolución económica y social.

El bajón demográfico, traído por una serie de pestes unidas a la mortandad bélica, se une a las
malas cosechas que sacuden el siglo XVII, provocando una importante crisis económica en Europa,
salvo en Gran Bretaña y Holanda por el comercio marítimo, de la que España no se recuperará
hasta 1680, especialmente en la periferia que invierte ahora a su favor la tradicional superioridad
castellana. La expulsión de los moriscos (muy dañina en Aragón y Valencia), las bancarrotas por
deudas bélicas, los problemas de la cabaña ovina y las pañerías castellanas o las alteraciones
monetarias trazan un cuadro aún más negativo.
Ante esto la nobleza reacciona endeudándose para mantener su alto nivel de vida, la burguesía
especula con la Deuda Pública o la compras de tierras y los campesinos se endeudan por los altos
impuestos o los préstamos no devueltos por las malas cosechas.

9.3. El ocaso del Imperio español en Europa.

El reinado de Felipe III significa una época de paz motivada por la muerte de Isabel de
Inglaterra y la propia ruina financiera de la Corona española. Esta tendencia se rompe en los años
20, ya en el reinado de Felipe IV, cuando los españoles entren en el conflicto religioso alemán
apoyando a la otra gran dinastía Habsburgo europea, la austriaca, al mismo tiempo que se retoman
las hostilidades contra los holandeses.
Los tratados de paz firmados al cabo de treinta años de lucha significan la independencia
holandesa y la consagración de Francia cono gran potencia europea tras la Paz de Westfalia (1648).
La de los Pirineos (1659) supondrá la entrega a Francia de Cerdaña, Artois y Rosellón y algunas
plazas flamencas. En 1668 se producirá la independencia portuguesa y después la pérdida del
Franco-Condado (1678), signos del inicio de la decadencia de los Austrias españoles.

9.2. La crisis de 1640.

En este año se produjeron dos importantes sublevaciones en Cataluña y Portugal que agravaron
aún más la situación española. En 1625, Olivares había creado un plan denominado Unión de
Armas, para distribuir los costes del ejército entre los diferentes reinos. Aragón y Valencia
aceptaron, Cataluña no. El problema se agravó tras el inicio de la guerra contra Francia (1636). En
1640, se aprobaron medidas para obligar a los catalanes a pagar así como a alojar a miles de
soldados que iban a la guerra. La revuelta estalló, primero en el campo, mas tarde en Barcelona. La
revuelta empezó a tener un carácter social. La Diputación de las Cortes catalanas llegó a un acuerdo
con Francia, que le envió soldados. En 1641 Cataluña se convirtió en un protectorado francés. El
ejército de Felipe IV tomó Cataluña en 1652 y prometió preservar sus fueros. Portugal se separó de
España el mismo año de 1640, estallando la revuelta ante la pretensión del Conde-Duque de emplear tropas portuguesas en Cataluña. La independencia de Portugal fue reconocida por España
en 1668.

9.1. Los Austrias del siglo XVII. Gobierno de validos y conflictos internos.

El siglo XVII marca la decadencia del Imperio español, que pierde su hegemonía europea.
Reinan los denominados Austrias menores, que se caracterizaron por su escaso interés y capacidad
para gobernar. Estos monarcas adoptaron la costumbre de dejar las tareas de gobierno en manos de
sus favoritos o validos, que gozaban de gran poder. Este sistema supuso el triunfo de la alta
aristocracia. Felipe III (1598-1621) dejó el gobierno del reino en manos del duque de Lerma, quien
fue sustituido por su hijo el duque de Uceda (1618). Felipe IV (1621-1665) sucedió a su padre con 16
años. Dejó el gobierno del reino en manos de Gaspar de Guzmán, el Conde-Duque de Olivares que
intentó devolver a España su papel hegemónico. La dinastía de los Austrias terminó con el reinado
de Carlos II (1665-1700), monarca enfermizo e incapaz de gobernar, durante los primeros años fue
su madre, Mariana de Austria, la que tomó el gobierno y más tarde el poder basculó entre la
influencia del valido Fernando Valenzuela, de Nithard, confesor de la Reina, y del hermanastro del
Rey, Juan José de Austria.
Durante el siglo XVII España sufrió graves problemas: descenso demográfico debido a pestes,
hambrunas, emigración a América y expulsión de los moriscos (1609). A ello se unieron los
problemas agrarios pese a la introducción de nuevos cultivos (maíz, patata). Pero el problema que
tuvo consecuencias más graves fue el déficit de la Hacienda pública. Aparecieron las voces críticas
como los arbitristas (de arbitrio, solución) pensadores que culpaban de la decadencia española a la
política exterior de la corona y al atraso económico. Fue con Felipe IV cuando la Hacienda española
sufrió graves problemas como consecuencia de las continuas guerras, durante su reinado
aumentaron los impuestos como alcabalas y millones, se impusieron otros sobre el papel sellado,
tabaco, etc. Destaca la importancia de la venta de todo tipo de cargos públicos (venalidad). A esto
hay que añadir conspiraciones nobiliarias en Andalucía.

8.5. Cultura y mentalidades. La Inquisición.

El siglo XVI fue un periodo de esplendor cultural. La fundación de la Universidad de Alcalá
(1499) abrió una época de esplendor de estas instituciones. La publicación de la Biblia políglota, la
formación de juristas y teólogos en sus aulas, el inicio del Derecho internacional (Suárez y Francisco
de Vitoria), así como el auge del pensamiento económico (Azpilicueta, Tomás de Mercado, Juan de
Mariana), son otros tantos logros de esta cultura universitaria. La literatura vive un periodo de
esplendor, apareciendo la novela picaresca (El lazarillo de Tormes) y renovándose el teatro (La
Celestina). Especial relevancia tiene el auge de la poesía mística (Santa Teresa de Jesús, San Juan de
la Cruz) que corre pareja al espíritu contrarreformista (San Ignacio de Loyola).
La Inquisición se consolidó como una poderosa herramienta para la cohesión religiosa del país.
Actuó severamente contra los judeoconversos, segó cualquier posibilidad de arraigo del
protestantismo en España y estableció una homogeneidad ideológica en torno al catolicismo de
Trento, mediante la generalización de la sospecha y de la denuncia. Fue empleada como
instrumento político por la Corona (caso de Antonio Pérez) y obtuvo un profundo reconocimiento
por parte de la sociedad de la época (familiares). Asimismo, fue eje fundamental de la propaganda
antiespañola conocida como Leyenda Negra.

8.4. Economía y sociedad en el siglo XVI.

El siglo XVI es un siglo de crecimiento demográfico. La población española creció alrededor de
un 30% en la centuria, lo que estimuló la actividad económica. El sector agrario dominaba la
economía, siendo el cultivo de cereales el más extendido. Aumentó la superficie dedicada al olivo y a
la vid. Dado el estancamiento de la productividad, la producción sólo pudo aumentarse explotando
tierras marginales que no garantizaban el abastecimiento. La Mesta siguió explotando los recursos
ganaderos, exportando las lanas a Flandes. La actividad artesanal vivió el auge de la ordenación
gremial y empezó a formarse una cierta burguesía comercial al calor del comercio con América. Sin
embargo, el aumento de la fiscalidad, las guerras con Inglaterra y Holanda y una mentalidad
orientada al ennoblecimiento, asfixiaron la actividad comercial.
La sociedad española respondía a los patrones del Antiguo Régimen. La nobleza suponía, en sus
distintos estadios, el 10% de la población, sin bien existían grandes diferencias entre grandes y títulos
y los hidalgos. Esta realidad era común en Castilla y en Aragón, si bien en ésta última existía una
clase intermedia entre la nobleza y el Estado general, los ciudadanos honrados. El clero presentaba
igualmente profundas diferencias entre sus componentes, no sólo entre alto y bajo clero sino entre
obispados y parroquias (Toledo tenía rentas 40 ó 50 veces superiores a las de Albarracín). El 87% de
la población constituía el Estado Llano o buenos hombres pecheros, donde las diferencias
económicas eran aún más acusadas. Peculiaridad española de la época fue la proliferación de los
Estatutos de Limpieza de Sangre, que diferenciaban a los cristianos viejos de los nuevos
(judeoconversos) y que eran exigidos para acceder a gran número de cargos.

8.3. El modelo político de los Austrias. La unión de reinos.

Los enormes dominios de los Austrias tenían en común únicamente la figura del rey, que tenía
todos los poderes, como corresponde a una monarquía autoritaria. El gobierno del reino se
organizaba en consejos: los territoriales (Consejo Real de Castilla, Consejo Real de Aragón,
Consejo de Indias, Consejo de Italia, Consejo de Flandes y Consejo de Portugal) y los temáticos
(Consejo de Estado -política exterior-, Consejo de Hacienda, Consejo de la Inquisición, Consejo de
Órdenes y el Consejo de Guerra). Este sistema de consejos garantizaba una considerable autonomía
a las diferentes partes del imperio pero al mismo tiempo complicaba la coordinación y la toma de
decisiones. Además los diferentes territorios tenían virreyes, que representaban a la figura del rey:
Navarra, Aragón, Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Nueva España, el Perú. Siguieron existiendo las
Cortes de los diferentes reinos, y los municipios, donde los reyes estaban representados por el
Corregidor.

8.2. La Monarquía hispánica de Felipe II. La unidad ibérica.

Felipe II (1556-1598) fue el hijo y heredero de Carlos V. Pero su reinado tuvo características muy
diferentes. Felipe II fue un monarca absolutamente español, nacido y criado en Castilla. Tras la
abdicación de su padre los dominios austriacos fueron heredados por Fernando (hermano de Carlos
V). Por lo tanto Felipe gobernó en un imperio mucho más español. Su base fue la corona de
Castilla, donde situó la capital, Madrid, y su residencia en El Escorial. Sus principios fueron:
fortalecer el catolicismo y mantener el Imperio. Los problemas exteriores fueron continuos, con los
turcos, hasta el triunfo de Lepanto (1571); con los ingleses y la derrota de la Armada Invencible
(1588); Flandes y su deseo de independencia; su mayor triunfo fue la anexión de Portugal.
Portugal era un país con graves problemas económicos pero con enormes posesiones
ultramarinas. En 1578, el rey Sebastián de Portugal murió sin descendencia. Era un gran momento
para el viejo sueño de unir toda la Península bajo la misma corona. Felipe II consiguió que las
Cortes portuguesas le reconocieran sus derechos (Cortes de Tomar, 1581), pero hizo falta la fuerza
amenazadora del ejército. Se creó el Consejo de Portugal y el rey prometió respetar sus leyes,
instituciones y moneda. Con la unión, España tenía un nuevo poderío naval y el control de una parte
del litoral atlántico, pero estas ventajas fueron desaprovechadas. En 1640 se inició una revolución
que buscaba la independencia de España, que acabaría con la proclamación como rey del duque de
Braganza con el nombre de Juan IV.

8.1. El Imperio de Carlos V. Conflictos internos: Comunidades y Germanías.

Carlos I (1517-1556) inicia la dinastía de los Habsburgo españoles, denominados Austrias y el
nacimiento del imperio español, fruto de las herencias recibidas por este monarca: Países Bajos,
Franco Condado, Austria, corona del Sacro Imperio Romano Germánico (1519), Castilla, Aragón,
Nápoles, América. Este enorme poder no evitó que a su llegada a España no fuera visto como un rey
extranjero. En la corona de Castilla estalló en 1520 la revuelta de las Comunidades, dirigida por
Padilla, Bravo y Maldonado, que defendía la independencia de las Cortes castellanas, y a la que
puso fin la derrota en Villalar (1521). Al mismo tiempo estalló en el reino de Valencia la rebelión de
las Germanías que tuvo un carácter de revuelta social contra la nobleza.

7.4. Impacto de América en España.

El descubrimiento de América supuso un profundo impacto en la sociedad española. Las
maravillas que se contaban de las Indias atrajeron a centenares de aventureros, deseosos de hacer
fortuna en América, yendo en pos de El Dorado o de la Fuente de la Eterna Juventud. De igual
modo, la existencia de una población ajena al mensaje cristiano animó a numerosos misioneros a
evangelizar aquellas tierras, convirtiéndose en una pieza fundamental para la salvaguardia de los
indios frente a los abusos de los españoles (Fray Bartolomé de las Casas) como en la preservación de
las culturas indígenas (cuyas lenguas aprenden para transmitir el Evangelio).
América va inundar los mercados españoles y europeos con un flujo regular de productos. El oro
y, sobre todo, la plata llegarán puntualmente en la Flota de Indias, permitiendo financiar las
empresas de la Corona como aumentando los precios en los mercados europeos. Nuevos productos
como el cacao, el tabaco, el maíz o la patata atracarán igualmente en el puerto de Sevilla, obteniendo
una aceptación desigual (el maíz o la patata sólo se generalizarán a finales del siglo XVII y
comienzos del XVIII).

7.3. Gobierno y administración.

Desde el comienzo de la conquista de América, España fue imponiendo las instituciones que
existían en Castilla. Había dos virreyes, en Nueva España y el Perú, que eran la máxima autoridad
en las Indias. Eran nombrados por un periodo determinado y solían pertenecer a la nobleza
castellana. En el resto de los territorios, había gobernadores y capitanes generales. El órgano
superior era el Consejo de Indias, formado por nobles castellanos, ostentando un poder casi
absoluto durante 300 años. Este organismo llevó a cabo una enorme labor legislativa que trataba de
regular toda la vida colonial. Leyes que por otra parte no se cumplieron con excesivo rigor. El
comercio y la navegación entre España y sus posesiones americanas quedaron encargados a la Casa
de Contratación en Sevilla. El sistema judicial fue muy similar al castellano, se fundaron Audiencias
regionales, en las ciudades se crearon municipios.

7.2. Conquista y colonización.

El descubrimiento de América atrajo a numerosos castellanos deseosos de hacer fortuna.
Mediante el mecanismo de las capitulaciones, obtenían el permiso de la Corona para explorar y
conquistar nuevas tierras. En 1519, Hernán Cortés al frente de 600 hombres, 32 caballos y 10
cañones emprende la conquista del Imperio azteca. Aprovechando las rivalidades y creencias
indígenas y su indudable valía militar, logra hacerse con el control definitivo de Tenochtitlán en 1521,
incorporando México a los dominios hispanos.
En 1531, Francisco Pizarro encabezando una hueste de un centenar de hombres apresa al
emperador inca Atahualpa. Aprovechando la guerra civil entre los incas, logra hacerse con el control
de Cuzco y extenderlo a la totalidad del Imperio. En 1535, fundará Lima y completa la incorporación
de Perú al dominio español.
La colonización de América se realizará empleando fórmulas de origen español, como el
repartimiento o la capitulación, junto a otras novedosas -la encomienda (cesión de indios a un
español como siervos, obligando a éste a su evangelización)- o indígenas (la mita, trabajos forzados
de las comunidades incas). Las críticas de los misioneros al trato que recibían los indios por parte de
los españoles, llevó a las autoridades a abolir la encomienda y proteger legalmente a los indios
(Leyes de Burgos, 1512; Leyes Nuevas, 1542).