lunes, 12 de abril de 2010

14.2. La dictadura de Primo de Rivera. De la monarquía alfonsina a la Segunda República

La larga duración de la Dictadura de Franco oscurece la anterior, la de Primo de Rivera, del
mismo modo que la guerra civil del 36-39 nos hace olvidar las guerras carlistas. Y, sin
embargo, Primo gobernó de forma totalitaria, como el otro gran dictador fascista de su
época Mussolini (aunque con mucha menos violencia), durante 7 años.
Durante ellos, y al hilo de la bonanza de los felices años 20, se producen avances en obras
públicas como carreteras y pantanos y se llega a una “paz” de orden público y social que
contrasta fuertemente con la situación anterior, especialmente en Cataluña. Por conseguir
Primo logró acabar con el problema de Marruecos que debido al asunto Annual, fue una de
las bases de su golpe de estado.
Pero, poco a poco, los obreros que habían colaborado con él le van abandonando como lo
hizo la burguesía catalana y, al final, el propio ejército hasta llevarle a una situación de difícil
gestión que culmina con su exilio y su desaparición de la memoria colectiva en la que se
oscurece incluso su propia persona tapada por el primer plano al que llega su hijo Jose
Antonio.
El origen del golpe de estado de Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña el 13
de septiembre de 1923, está bastante relacionado con el mundo militar. En concreto con los
deseos de las antiguas Juntas de Defensa (ya desaparecidas)de acabar con el poder político
de la oligarquía (tal y como se refleja en su Manifiesto al país y al ejército elaborado pocos
días después del golpe) así como con el deseo de otro grupo de militares de acabara con el
problema africano, y con los disturbios relativos al orden público interno.
El golpe de estado se produjo sin derramamiento de sangre en Barcelona desde donde se
extendió a todo el país sin que el gobierno pudiera hacer nada. Por su parte el Rey, después
de los momentos iniciales, apoyó claramente a Primo de Rivera (de cuya conspiración no se
sabe si estaba o no enterado) a quien encargó la tarea de formar gobierno en sustitución de
los civiles dimitidos.
Hay que decir que el nuevo golpe de estado recibió un importante apoyo de la burguesía
española, especialmente la catalana la más ”moderna” del país, que veía a alguien dispuesto
a acabar con un sistema político que beneficiaba, básicamente, a la España atrasada de los
terratenientes. A pesar de esto aquellos y otros grupos conservadores como la Iglesia y, por
supuesto, el ejército, no recibieron mal el golpe. Algo que tampoco hizo, sorprendentemente,
una parte del movimiento obrero, concretamente la relacionada con el PSOE y la UGT que, a
diferencia de los anarquistas y el PCE, mantuvieron abiertos sus locales y publicaciones e
incluso colaboraron en algún momento con la política del Dictador.
La primera fase de su actuación se conoce como Directorio Militar (1923-25) por la
importancia que en las instituciones tenían aquéllos, que copaban todos los puestos al
mismo tiempo que se suspendían las garantías constitucionales, se disolvían las Cortes, se
nombraban gobernadores militares en provincias en sustitución de los civiles, gobernadores
que actuarían con mano tan dura que redujeron a la mínima expresión los atentados
(1917-23: 1259; 1923/28: 51) y las huelgas (1923-465); 1924-165), y, finalmente, delegados
gubernativos para controlar los ayuntamientos.
Para acabar esta toma del poder político promovió un nuevo partido, la Unión Patriótica, a la
que estaban obligados a pertenecer los miembros de ayuntamientos y diputaciones
provinciales. Este partido en la práctica venía a mantener el viejo sistema caciquil de la
Restauración ya que ahora algunos de los delegados en los ayuntamientos y de los
gobernadores civiles pertenecían a este partido único legal. Su ideología era claramente
conservadora –Dios, Patria, Religión, era su lema- por lo que sus miembros procedían del
antiguo carlismo, conservadores mauristas, católicos a los que se añadieron burgueses
industriales deseosos de contar con el apoyo del gobierno.
Su primer gran éxito y quizás el más importante fue la resolución del problema marroquí que
preocupaba a todas las clases sociales bien por tener que ir a luchar al frente (grupos
populares) bien por los enormes gastos que la Guerra producía. En septiembre de 1925 y
en unión del ejército francés, que controlaba la otra parte de Marruecos, se produjo el
desembarco en la bahía de Alhucemas que dividió en dos (tras una combinada operación
naval aérea y terrestre (una de las primeras de la historia)) el territorio del líder Abd-el-Krim
que al cabo de siete meses acabó por capitular y entregarse como prisionero a las tropas
francesas.
Tras este importante éxito se constituyó a finales de 1925 el Directorio Civil en el que
aparecerían miembros no militares como el Ministro de Hacienda, José Calvo Sotelo o el de
Fomento Conde de Guadalhorce, probablemente las dos piezas clave del mismo. En una
época en que toda Europa gozaba de excelente salud económica, “los felices 20”Primo de
Rivera aprovechó para introducir cambios fiscales que suponían más ingresos para el Estado
en concepto de capitales invertidos y derechos de sucesión, y para lanzarse a una
importante política de obras públicas: 7.000 km. de carreteras, aumento de la superficie en
regadío y de la red eléctrica llevada a cabo por las Confederaciones Hidrográficas,
introducción de nueva técnicas agrarias, etc.
Así mismo el estado intervenía en política económica exterior gravando con fuertes aranceles
a las empresas extranjeras o en política económica interior creando monopolios como
CAMPSA (Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos) controladora de la
importación, refinado y distribución del petróleo.
Igualmente se intervendría en política social creando el seguro de maternidad o el subsidio a
las familias numerosas. Incluso se crearán comités paritarios de empresarios y trabajadores
para propiciar la estabilidad en el trabajo y la disminución de las huelgas. Estos últimos no
acabaría de funcionar por lo que poco a poco perdería el apoyo del movimiento obrero que
había colaborado con él que se va inclinando hacia las nuevas formas de gobierno de tipo
republicano.
También se van separando de él la burguesía catalana, por las defraudadas expectativas de
conseguir algún tipo de autonomía y por la persecución que sufre su lengua, prohibida por
ejemplo en actos eclesiásticos, y el propio ejército, fundamental en los orígenes de su
movimiento, por lo que consideraban un ataque al proponer Primo que los ascensos en el
cuerpo de artillería fueran motivados por méritos y capacidad y no por la antigüedad;
finalmente los estudiantes e intelectuales, que tampoco habían aceptado desde el principio el
régimen y que habían visto aumentar su desapego con decisiones como la destitución de
Miguel de Unamuno, el intelectual más crítico con el Régimen, del rectorado de la
Universidad de Salamanca que, además, había sido desterrado o un proyecto por el cual
estudios cursados en los jesuitas de Deusto o en los agustinos de El Escorial se
consideraban con valor universitario.
Tras la renuncia de Primo de Rivera (enero del 30), el Rey nombra jefe del gobierno al general
Berenguer, el antiguo procesado por Annual, con dos tareas específicas:
Volver al sistema liberal interrumpido por la Dictadura, es decir la Constitución del 76 y las
elecciones más o menos fraudulentas.
Salvar la figura de Alfonso XIII evitando que recayeran sobre el rey responsabilidades por el
golpe de estado y los seis años de Dictadura , algo muy difícil de lograr pues el monarca era
cada vez más asociado a ella y, por lo tanto, impopular entre ciertos sectores de la clase
media y los propios obreros.
A comienzos del 31, y ante la imposibilidad de Berenguer, es relevado por el almirante Aznar
que convoca elecciones municipales para el 12 de abril como primer paso hacia unas
elecciones generales. Estos comicios ven el triunfo de los candidatos republicanos en todas
las grandes ciudades del país lo que constituía un plebiscito antimonárquico. El rey descartó
la resistencia por la fuerza y se exiliaría dando paso el 14 de abril a la II República española
donde Alcalá Zamora de forma provisional asumiría el máximo poder del Estado.
Hay que destacar la gran importancia jugada por el Pacto de San Sebastián (agosto 1930)
en estos acontecimientos. En él se reunieron regionalistas, republicanos históricos, socialista
e incluso constitucionalistas desencantados con la actuación del Rey. Se formulan, entonces,
dos grandes vías: revolucionaria, que llevaría a los pronunciamientos frustrado de Jaca,
terminados con el fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández, y política con
grandes mítines y artículos en la prensa claramente antimonárquicos.
Se formó un comité revolucionario integrado por Alcalá Zamora, Maura, Domingo, Prieto,
Azaña, Albornoz y De los Ríos, los que luego se harían cargo del gobierno provisional, que
lanzaron un manifiesto para derribar a la monarquía acabando por lograrlo en las ya citadas
elecciones municipales de abril.

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